Editorial

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Como siempre ocurre con las personas que trabajamos en la tarea de la evangelización, que entre otras cosas, debe ser responsabilidad de todos los bautizados, recientemente recibí la visita de una persona que estaba pasando por una situación difícil y me pedía que orara por ella, porque, según a su entender, yo estaba más cerca de Dios, por lo tanto a mí podía escucharme más. Aunque le aclaré en el acto que Dios no discrimina a nadie, sino que al contrario, todos ocupamos un puesto muy especial en su amantísimo corazón, ella insistía en ese punto. Yo no sé orar, Dios a mí no me escucha, insistía. Para ayudarla en su oración personal la invité a que juntos fuésemos al santísimo y allí, delante de Jesús eucaristía vivimos un momento de silencio, de meditación y de intimidad con el Señor realmente sublime y transformador. No sé que habrá pasado con esta señora en los últimos días, sin embargo sí sé que después de ese momento de oración, su rostro cambió. El miedo y la angustia que tenía al inicio se transformaron en una paz y en una alegría contagiosa; al inicio no era capaz de orar, pero al final alababa y bendecía al Señor con una confianza única.
 
Esta experiencia me estimuló a pensar en cuál es la oración que agrada a Dios y además en cómo actúa Dios en nuestras vidas. Para la primera inquietud, debo decirles mis hermanos que la oración que agrada a Dios es la que brota del corazón, es aquella oración que te lleva a comprender que le has fallado al Señor y que por lo tanto lo primero que necesitas de Él, es merecer su perdón. La oración que agrada al Señor es la oración sencilla, la que es capaz de expresar que no eres digno de recibir sus bendiciones porque le has fallado, pero que asumes delante de Él el compromiso de entregarle el corazón y la vida para que haga de ti y en ti lo que El quiera. La oración que agrada a Dios es aquella que te anima a transformarte desde lo más profundo de tu ser. La oración que agrada a Dios es aquella desprovista de arrogancia, de autosuficiencia, de palabras vacías. La oración que agrada a Dios es aquella que te impulsa a abandonarte en sus manos, sin olvidar que debes hacer lo que te corresponde para alcanzar tus metas. La oración que agrada a Dios es aquella que irradia paz, y busca la paz, aquella que irradia el control y te anima a tener el control de tu vida, aquella que te lleva a poner tu confianza solo en Dios y no en los hombres. ¿Recuerdas la escena del templo en donde oraban el fariseo y el publicano? Mientras el fariseo oraba diciendo: Señor te doy gracias porque no soy como aquel publicano, yo cumplo la ley, ayudo a los pobres bla,bla… el publicano en cambio decía, Dios perdóname porque soy un pecador. ¿Cuál de esas oraciones fue más agradable a los oídos de dios? Preguntó Jesús. Paso seguido responde, la del publicano. Nuestra condición de creyentes jamás puede convertirnos en privilegiados del amor de Dios.
 
¿Cómo se manifiesta Dios en nosotros? Es la segunda pregunta. La mejor respuesta a esta inquietud se la escuché al p. Álvaro Duarte Torres, eudista, después entendí que su afirmación era paulina. Lo primero que nos regala Dios es paz, decía el padre Álvaro, donde está Dios hay paz, hay orden, hay control. Si tu confianza y oración a Dios te ha ayudado a tener paz, a vivir en orden y a tener el control, puedes decir con plena confianza que Dios a escuchado tu oración porque tú así lo has decidido. Animo, te invito a seguir haciendo de tu vida una oración.
Emisora Minuto de Dios Cartagena -89.5 F.M
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Cartagena - Colombia

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